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Filosofía

Estoy convencido de que una terapia exitosa no comienza con la elección de una técnica de tratamiento concreta, sino con la comprensión de la persona que está sentada delante de mí.

El dolor rara vez surge al azar y a menudo tiene más de una causa. Es el resultado de una compleja interacción entre el comportamiento de movimiento, la carga tisular, el sistema nervioso y las circunstancias vitales individuales. Por ello, mi objetivo no consiste en aplicar la mayor cantidad posible de técnicas, sino en comprender los mecanismos que subyacen a sus molestias.

Cada tratamiento comienza con un análisis cuidadoso. A partir de la anamnesis y la exploración, desarrollo hipótesis sobre las posibles causas de sus molestias y las verifico de forma sistemática. La terapia se orienta posteriormente no a un concepto de tratamiento rígido, sino a los hallazgos de esta exploración, y se adapta de forma continua a lo largo del proceso.

En ello combino conocimientos científicos con experiencia clínica y una consideración individual de su cuerpo. No es el método el que ocupa el centro, sino la pregunta de qué medidas pueden aportar el mayor beneficio en su situación personal.

Otro componente importante es la ayuda para la autoayuda. Mi objetivo es que usted comprenda cada vez mejor las interrelaciones de su cuerpo y aprenda a interpretar los cambios por sí mismo. No deseo limitarme a proporcionarle ejercicios, sino transmitirle los principios según los cuales se seleccionan y adaptan. Así podrá ajustar su autoayuda con el tiempo de forma autónoma a su situación respectiva – y convertirse paso a paso en experto de su propio cuerpo.

Mi objetivo no es exclusivamente un alivio del dolor a corto plazo. Deseo hacer comprensibles las interrelaciones corporales, mejorar las funciones y crear junto con usted las condiciones para que las molestias puedan reducirse de la forma más duradera posible. Para mí, una terapia sostenible significa no limitarse a influir en los síntomas, sino reconocer las causas e intervenir allí donde son posibles cambios a largo plazo.

Este enfoque no se aplica únicamente a personas con molestias, sino también a deportistas. Desde mi punto de vista, no existe una diferencia fundamental entre el tratamiento de una molestia y la optimización del rendimiento deportivo. En ambos casos se trata de reconocer limitaciones funcionales y mejorar la capacidad de rendimiento del cuerpo. En deportistas y deportistas, estas limitaciones a menudo se sitúan por debajo del umbral en el que surge el dolor. Se manifiestan en su lugar en una menor transmisión de fuerza, coordinación limitada, mayor susceptibilidad a lesiones o estancamiento del progreso del entrenamiento. Los mecanismos subyacentes son con frecuencia los mismos – solo deben reconocerse con mayor precisión y tratarse de forma más fina.

Cada persona aporta su propia historia, sus propios objetivos y condiciones individuales. Por ello, cada tratamiento debería ser tan individual como la persona misma.