Ausencia de dolor
Subir escaleras, levantarse o caminar distancias largas mientras la rodilla acompaña de nuevo el movimiento sin llamar la atención.
Dolencia
Tratamiento individual de la rodilla en Potsdam
Crear las condiciones para que su rodilla vuelva a afrontar con naturalidad escaleras, senderismo, entrenamiento y cargas cotidianas.
Considerar a la persona en su conjunto
El dolor de rodilla puede aparecer al subir escaleras, levantarse, correr o después de estar sentado durante mucho tiempo. Quizá la rodilla se hace notar solo después de una distancia determinada, quizá al hacer sentadillas, cambios de dirección o durante el senderismo. Algunas personas reducen progresivamente su actividad porque no saben qué carga ayuda a la rodilla y cuál la sobrepasa en este momento.
Sin embargo, la rodilla no trabaja sola. Pie, tobillo, cadera, pelvis y tronco determinan qué fuerzas llegan a la rodilla y qué tan bien se procesan. Por eso surge en la exploración un mapa personal: ¿qué regiones rinden menos de lo que deberían? ¿Qué estructuras se sobrecargan como consecuencia? ¿Qué papel desempeñan lesiones anteriores, movilidad, fuerza, soltura, equilibrio y la interacción de todo el cuerpo?
El objetivo no es únicamente calmar la rodilla. Debería volver a subir escaleras con naturalidad, arrodillarse, recorrer distancias más largas y practicar su deporte con confianza. Al mismo tiempo aprende a adaptar cargas y ejercicios por sí mismo a su evolución.
Objetivos del tratamiento
Subir escaleras, levantarse o caminar distancias largas mientras la rodilla acompaña de nuevo el movimiento sin llamar la atención.
Flexionar y extender la rodilla con naturalidad, agacharse o arrodillarse.
Levantarse de una silla, subir cuestas, saltar y volver a cargar la pierna afectada por completo y con confianza.
Caminar, correr y cambiar de dirección mientras rodilla, cadera y pie colaboran con fluidez.
Afrontar de nuevo con seguridad y control irregularidades del suelo, cambios rápidos de dirección y superficies variables.
Correr, hacer senderismo, montar en bicicleta, jugar al fútbol o al tenis o entrenar fuerza — con confianza en la fuerza y estabilidad de la rodilla.
¿Es esto para mí?
El tratamiento está dirigido especialmente a personas
Situaciones típicas
Quizá se reconozca en una o varias de estas situaciones:
De la exploración a la autoayuda
Analizamos cuándo se manifiesta la rodilla, qué cargas tolera bien y qué actividades desea retomar. Se tienen en cuenta informes disponibles, operaciones y lesiones anteriores.
Se explora todo el cuerpo, con especial atención a rodilla, pie, tobillo, cadera, pelvis y tronco. Así puede reconocerse dónde faltan movilidad, fuerza, equilibrio o control y por qué la rodilla se sobrecarga en determinadas tareas.
Según el resultado, pueden combinarse terapia manual, terapia fascial y un desarrollo dirigido de fuerza, movilidad, soltura, equilibrio y movimientos específicos del deporte.
Recibe ejercicios seleccionados especialmente para su situación. Con el tiempo aprende a adaptar por sí mismo distancia, peso, intensidad y número de repeticiones y a continuar su desarrollo.
Decidir bien informado
Una adaptación transitoria puede ser razonable en caso de irritación intensa. A largo plazo, sin embargo, la rodilla no debería tener que rendir cada vez menos, sino volver a soportar progresivamente más carga.
Para ello se elige una carga que se tolere bien en este momento. A continuación se desarrollan fuerza, movilidad y control de forma que escaleras, deporte y vida diaria vuelvan a ser posibles con naturalidad.
Las imágenes de resonancia son fotografías que muestran algunas estructuras de la rodilla — pero no todas. Sobre todo no muestran cómo se mueve su rodilla al caminar, subir escaleras, saltar o correr.
Por eso las imágenes disponibles deben incluirse siempre, pero la rodilla debe analizarse además en movimiento en el contexto terapéutico. Así también se hacen visibles la fuerza, el control motor y la interacción con cadera y pie.
Sí. Si, por ejemplo, el tobillo no permite suficientemente un movimiento o la cadera no guía la pierna con seguridad, la rodilla debe procesar la carga de otra forma.
Eso no significa que cadera o pie sean automáticamente la causa. La relación debe demostrarse en la exploración y mediante un cambio dirigido.
No puedo responder a eso de forma general. Una rodilla puede necesitar más fuerza, más movilidad, mejor equilibrio o una dosificación distinta de la carga.
Por eso los ejercicios se seleccionan según su mapa personal y se guían con precisión al principio. Más adelante debería poder ajustar por sí mismo peso, intensidad y número de repeticiones.
Con frecuencia el entrenamiento puede continuar adaptándose. Distancia, velocidad, peso, profundidad del movimiento y número de repeticiones deberían elegirse de forma que la intensidad durante el entrenamiento y después no supere, en lo posible, un 3 sobre 10.
En caso de dudas, debería coordinar el procedimiento con un terapeuta o un médico.
Tras aproximadamente cuatro sesiones debería apreciarse un primer cambio — por ejemplo en las escaleras, al levantarse, durante el entrenamiento o en una distancia concreta de carrera. A continuación se vuelve a comprobar qué factores siguen siendo relevantes y cómo debería ser el desarrollo posterior.
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